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MÚSICA ESDRÚJULA1

MÚSICA ESDRÚJULA

$ 6.000

"Si los poemas de Pedro Antonio Gonza?lez habri?an de motivar reacciones disi?miles, desde el espaldarazo cursi hasta el ninguneo rizoma?tico, su biografi?a concito? en cambio un intere?s cercano al culto. Desplegado como reconstruccio?n documental o como elaboracio?n ficcional, en ge?neros de referencia o en clave, el anecdotario ha ido configurando una de esas mitologi?as autorales que tanto fascinan a los medios masivos y que tanto repugnan a la academia. La vida “tra?gica y torturada” de Gonza?lez se presto? como ejemplo o contraejemplo de lo que al cliente le viniera en gana. Hurgando documentos para su investigacio?n de los sesenta, Rau?l Silva Castro se asombraba de lo muy rayados que estaban los libros de Pedro Antonio. Aquella marginalia ano?nima no pareci?a provenir de estudiantes mateos, sino de personas que lei?an poco, de jo?venes torpes, de cualquiera. La ane?cdota podri?a graficar las tensiones latentes o expli?citas de la antologi?a aqui? perpetrada (compilado para el bronce y la galucha, seleccio?n de grandes e?xitos y de lados B), además de hermanarse con otro episodio ilustrativo, referido esta vez por Francisco Contreras. En octubre de 1903, mientras el ferétro de González era llevado hacia el cementerio, la noche nadaba en su ´rústica calma´ y las ramas de los árboles señalaban al cielo ´con rigideces metálicas de dedos hieráticos´. A ese sosiego o a esa ´música esdrújula´ -como Pedro la llamara en su asteroide número diez-, se iban imponiendo las ráfagas de un retumbo lejano, una música de taberna que arruinaba el cortejo como un ´horrible sarcasmo´. Aunque Contreras tomaba su libreta de notas y optaba por marcharse, esos sones del vulgo se grabarían en su crónica y también en la herencia del ´bardo nebuloso´, acaso porque estaban allí desde antes, y de  seguro porque ya nadie los podría apagar".

Mario Verdugo